En junio de 1972 se produjo el incidente que desató el mayor escándalo de la historia política del siglo XX y que terminó el 8 de agosto de 1974 con la renuncia del presidente Richard Nixon, gobernante de la nación más poderosa del mundo, los Estados Unidos, ese hecho recordado por siempre se conoció como el Escándalo del Watergate, en el cual dos periodistas del prestigioso diario Washington Post, Carl Bernstein y Bob Woodward develaron a través de una profunda investigación la cadena de abusos de poder cometidos en el gobierno de Nixon y las arbitrariedades contra el Comité Nacional del Partido Demócrata en el proceso de la reelección presidencial.
36 años después, la historia se repite aunque con diferentes actores y en distintos escenarios. Las revelaciones realizadas por el australiano Julian Assange, líder y hacker del portal WikiLeaks, no hacen otra cosa que no sea develar las intrigas, maquinaciones y en ocasiones planes frustrados del sistema diplomático más poderoso y organizado del mundo. De confirmarse la veracidad de los más de los 250 mil archivos con información clasificada hallados de este sitio web y diseminados a los cinco diarios más influyentes de Europa y los Estados Unidos, la administración Obama se coloca en las mismas condiciones éticas y de cuestionamientos que matizaron el caso Watergate con relación a la administración Nixon.
Las revelaciones contemporáneas tienen implicaciones de carácter geopolítico hemisférico y en ocasiones hasta global, pero sobre todo lo más importante es que reabren el debate sobre el papel que deben cumplir los medios de comunicación en las democracias de hoy.
Pues es el mismo sistema democrático el que le ha asignado a la prensa, la tarea de “perro guardián” y por tanto, el periodismo asume así la parte más delicada y difícil en esa misión de defensa de la transparencia democrática, al sacar a luz los casos, a menudo ocultos e invisibles que otros quieren ocultar.
Desde las épocas del filosofo y economista John Stuart Mill, al hablar sobre libertad y verdad , éste decía que: "revelar al mundo algo que le interesa profundamente y que hasta entonces ignoraba, demostrarle que ha sido engañado en algún punto vital para sus intereses temporales o espirituales, es el mayor servicio que un ser humano puede prestar a sus semejantes".
Si bien es cierto que , Julian Assange no es un periodista, porque su trabajo no consiste en interpretar y analizar la realidad a partir de los hechos o los documentos clasificados para que los demás la entiendan y la asimilen, sí representa y es el ícono de una nueva manera de acceder a la información y a la divulgación del conocimiento, en eso que el analista y futurólogo norteamericano Alvin Tofler denomina prosumidores y que los define en su libro “La Tercera Ola”, escrito en 1980 y más tarde los rescata en “La revolución de la riqueza” escrito en 2006, como los productores y a su vez los consumidores de contenidos en los diferentes soportes tecnológicos de los medios de comunicación del mundo globalizado y digital.
Un prosumer no tiene fines lucrativos, sólo participa en un mundo digital de intercambio de información y de las redes pares intercambiables.
La palabra prosumer describe perfectamente a millones de participantes en la revolución del Web 2.0, ya que son cada vez más las personas involucradas que suben información a la red y a su vez son consumidores de la misma, creando así un abanico de información en todos los sentidos y ampliando la democracia digital.
La reacción norteamericana no se ha hecho esperar Hillary Clinton, secretaria de Estado, dijo que la revelación "no autorizada" de la información representa una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, y que pone en riesgo la vida de personas.
La publicación de los documentos entregados por WikiLeaks a cinco medios de comunicación de Europa y Estados Unidos "pone en peligro la vida personas, amenaza a nuestra seguridad nacional, y socava nuestros esfuerzos para trabajar con otros países y resolver los problemas comunes", reafirmó Clinton.
A su vez, un grupo de activistas iniciaron una masiva campaña virtual para recoger un millón de firmas orientada a defender la libertad de prensa en el mundo.
Expertos legales opinan que es probable que Wikileaks ho haya vulnerado ninguna ley. Sin embargo, destacados políticos estadounidenses lo han tachado de grupo terrorista y se ha llegado a insinuar que habría que matar a los miembros de su equipo. La organización está sufriendo un ataque masivo por parte de gobiernos y corporaciones, pero WikiLeaks se está limitando a publicar información facilitada por confidentes, en colaboración con algunos de los periódicos más prominentes del mundo (New York Times, The Guardian, Spiegel, El País), quienes examinan cuidadosamente la información antes de publicarla.
Esta gigantesca intimidación extra-judicial constituye un ataque a la democracia misma. De manera urgente, necesitamos alzar nuestras voces en defensa de la libertad de prensa y expresión..dice el mensaje vehemente de los defensores de WikiLeaks
WikiLeaks no está actuando sola. Está trabajando conjuntamente con destacados periódicos a nivel mundial (New York Times, Guardian, Der Spiegel. El País, etc) para evaluar cuidadosamente 250,000 cables diplomáticos de los EE.UU. y eliminar cualquier información cuya publicación fuese irresponsable. Solamente 800 cables han sido publicados hasta la fecha.
Anteriores revelaciones de WikiLeaks han destapado casos de tortura a manos de gobiernos, el asesinato de civiles inocentes en Irak y Afganistán, y escándalos de corrupción en el seno de grandes corporaciones.
El gobierno de los EE.UU. está agotando todos los posibles cauces legales para impedir que WikiLeaks publique más cables, pero lo cierto es que las leyes democráticas protegen la libertad de prensa. Es muy posible que los Estados Unidos y otros gobiernos no sean partidarios del tipo de legislación que protege la libertad de expresión, pero es precisamente por ello por lo que es crucial que existan dichas leyes, y que sólo a través de un sistema democrático sea posible reformarlas.
Es normal que existan desacuerdos sobre si WikiLeaks, y los periódicos con los que está colaborando, están diseminando más información de la que los ciudadanos debieran conocer; o si las informaciones publicadas debilitan el principio de confidencialidad diplomática, y si eso es algo bueno. O sobre si el fundador de Wikileaks, Julian Assange, tiene la personalidad de un héroe o de un villano. Pero nada de esto justifica la encarnizada campaña de intimidación dirigida a silenciar un medio de comunicación legal emprendida por gobiernos y corporaciones. Advierten los defensores.
Sobre el tema, Juan Varela del portal español Estrella Digital dice: Wikileaks es una enmienda a la totalidad de la mayoría del periodismo actual, el que vive de hacer lo contrario: opinión sin argumentos, hipótesis sin información, rumores como noticias, periodismo de declaraciones, redundancia de tanta publicación repetida por todos en la urgencia de la actualización y el tiempo real. Wikileaks defiende, como otros nuevos cibermedios, un periodismo abierto, transparente, sin ánimo de lucro, de interés público, con colaboración con medios y ciudadanos para lograr publicar la información que ayuda a luchar contra la corrupción y mejora la democracia. Y lo hace con la fuerza de los datos.
En su periodismo está la mayor crítica al periodismo convencional. Y en la publicación de sus información, el reconocimiento de esa derrota a pesar de la rentabilidad en ejemplares vendidos y páginas vistas en internet.
El debate que queda pendiente es si la libertad de expresión y la democracia van realmente de la mano o si existen límites en la sociedad globalizada, o más bien preguntarnos si la ética de la política exterior norteamericana existe.
Betty Martínez. S, Docente Periodismo Investigativo, Programa Comunicación Social – Periodismo Universidad del Quindío.
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