Por Betty Martínez. S
Desde el año pasado los colombianos nos acostumbramos a ver los comerciales, los stickers y todo el material publicitario acerca de la campaña institucional del Fondo de Prevención Vial protagonizada por Pirry el presentador del canal RCN televisión, orientada a disminuir la accidentalidad en las vías colombianas y a cambiar los hábitos en materia de transito.
La campaña en sí no es mala, sino fuera porque un tema tan importante debería tratarse con más cuidado por parte de todos los actores.
En Colombia las muertes por accidentes de transito son la segunda causa de mortalidad violenta, es decir son cinco veces más altas que las muertes que produce el conflicto armado, pero más allá de si somos o no inteligentes viales, se deberían tener en cuenta otras consideraciones, como por ejemplo el estado de la malla vial que en Colombia es catastrófica y que a nadie parece importarle, sobre todo a la institucionalidad pública que desde hace más de una década viene hablando de globalización y de competitividad y de la necesidad de invertir en las vías del país, dinero que se roban los grandes constructores a quienes se les adjudican las obras.
Pero por otro lado, el problema es también la indefensión del peatón, aquí los semáforos los programan desde una central de cómputo , a diferencia de los países desarrollados donde el semáforo lo administra el peatón de acuerdo con sus necesidades de cruzar la calle.
Pero en Colombia todo mafioso, nuevo rico, emergente o funcionario público de alto rango o de medio pelo, se cree el dueño de la vía y para ellos no parece existir la legislación de tránsito.
Y ni qué hablar de la malicia indígena y del nivel de corrupción que se maneja en las secretarías de transito del país y en sus demás organismos complementarios, donde los guardas y policías se esconden cuando no tienen plata, para imponerles sanciones a los conductores o piden plata para no sancionar y ni qué decir de los tramitadores que venden SOAT falsificados y del volumen de gente que los compra.
Pero además, a todo eso, se suma la debilidad de la legislación en materia de transito y transporte, no es sino ver el sinnúmero de comparendos de los mismos camioneros, los taxistas y conductores de buses que parecen no importarle a los dueños de las empresas para las cuales trabajan.
Todo esto sin tener en cuenta el desmesurado uso de las motocicletas como vehículos de transito y su crecimiento de manera exponencial en el país, a un ritmo del 400% año y de igual manera el número de carros, dadas las facilidades de pago que hoy en día ofrecen las ensambladoras del país.
La situación se ha tornado tan difícil que en ciudades como Bogotá hace rato hicieron colapsar el “pico y placa” que se había propuesto como una medida para disminuir la toxicidad vehicular y el caos en la movilidad.
Bien valdría la pena que se hicieran esfuerzos interistitucionales por abordar con seriedad y profundidad un tema prioritario en la agenda del país que se volvió un problema de salud pública.
domingo, 6 de febrero de 2011
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